Miró el reloj, era tarde, se había entretenido observándose y regocijándose en su propia figura, aunque solo tuviera ocasión de hacerlo en la intimidad de su hogar.
Se encaminó a la cocina para prepararse el desayuno, esa mañana Sandra se había levantado especialmente hambrienta, la actividad nocturna le había dejado exhausta. Después de haber trabajado en el bar hasta las tres de la mañana y haber dormido apenas cuatro horas, se había levantado especialmente optimista.
Acabó el desayuno y recogió las pocas cosas que estaban desordenadas, hizo la cama y se vistió para retomar la actividad laboral, era sábado, pero por primera vez en mucho tiempo tenía que acercarse a la oficina a acabar el informe que debía entregar el lunes.
Ya en la oficina se entretuvo pensando en las musarañas, no encontraba la voluntad suficiente para ponerse con ese maldito informe que uno de sus jefes le había encasquetado el viernes a última hora, pero bueno, aunque maldiciendo, lo acabó a una hora medio decente, aunque lo suficientemente tarde como para haberse perdido las cañas del sábado por la mañana.
Habitualmente ella y sus amigas habían tomado por costumbre quedar el sábado a medio día para tomar una cañas y charlar sobre las venturas y desventuras de la semana y como no, del viernes noche. Normalmente ella no tenía mucho que añadir, su vida se limitaba a su trabajo, incluso los tan ansiados viernes noche, ya que había decidido trabajar en un bar para ver si con ello ampliaba algo más sus horizontes sociales y lograba conocer a más chicas, aunque por ahora no había resultado nada fructífero.
Dado que se había perdido las cañas decidió llamar a su amiga Eva para tomar un café después de comer. Después de dos intentos de llamada se extrañó, su amiga Eva era la perfecta definición de una mujer a un móvil pegada, pero esta vez no contestó al teléfono.
Decidió acercarse a su casa para comprobar que todo estaba bien, llamó a la puerta y una preciosa chica abrió con total naturalidad.
- Hola Sandra, - saludó amablemente- pasa, Eva se está cambiando.
- Perdón – dijo Sandra sorprendida - ¿nos conocemos?
La chica rió de buena gana lo que a Sandra no acabó por sentarle muy bien.
- ¿Me estás tomando el pelo? - preguntó Julia, que era el nombre de la guapa chica que con tanta naturalidad le había saludado como si la conociera de toda la vida.
- No, espetó Sandra - con cierta mueca de seriedad en la cara.
- ¿No te acuerdas de mi?
En ese preciso instante, cuando Sandra estaba a punto de descubrir quién era esa chica tan guapa que le había saludado como si se conocieran de toda la vida, salió Eva de su habitación preparada para salir de casa, con el abrigo ya puesto, y dijo.
- Hola Sandra, iba a llamarte justo cuando has tocado el timbre, le estaba diciendo a Julia que seguro que me habías llamado para tomar café. Bueno, venga Julia coge el abrigo que nos vamos.
Sandra no salía de su asombro, su propia amiga Eva había dado por supuesto que conocía a esa chica, que a su vez también parecía conocerla a ella, así que, por no dar la impresión de que en ese momento no sabía ni siquiera con quien se iba a tomar un café decidió afirmar simplemente y comentar que le habían hablado de un nuevo café, muy tranquilo y agradable que habían abierto hacía poco en el barrio.
Por el camino Eva fue hablando sin parar, como siempre, Sandra le escuchaba sin poder evitar pensar en Julia, y cómo es que no se acordaba de ella cuando pareciera ser que la conocía. De repente esta se paró y dijo que iba a acercarse a comprar unos chicles al kiosco. En ese momento Eva le agarró del brazo y le dijo:
- ¿Me estás escuchando o estás en otra parte?
- Perdona Eva, es que he estado trabajando esta mañana y...bueno, la verdad es que tengo que confesar que no tengo ni idea de quién es esta tal Julia y ella parece conocerme desde siempre.
Eva echó a reír y la miró, realmente Sandra no se acordaba de esa chiquilla de ojos verdes, y rasgos dulces que de pequeña la observaba jugar maravillada y que marchó para otra ciudad con sus padres de bien pequeña, a causa de un asunto de trabajo que llevó a su padre al extranjero, nada más y nada menos que a tierras germanas.
Eva de nuevo miró a Sandra y le dijo un tanto molesta:
- Es Julia, escarba un poco en esa memoria tuya, ¡me parece sorprendente que no la recuerdes!
De repente Sandra puso cara de sorpresa y se acercó corriendo al kiosco donde Julia estaba comprando los chicles, dejando a Eva prácticamente con la palabra en la boca. Cuando Julia le vio aparecer corriendo sus ojos se abrieron por la sorpresa y sus brazos también. Sandra le abrazó como si no hubiera pasado el tiempo, como hacía cuando eran pequeñas y Julia tenía algún problema con los mayores, un abrazo protector, un abrazo que pretendía disculparse y darle a su vez la bienvenida.
Cuando se separaron, Sandra no pudo sino mirar a Julia y sonriendo acariciarle la cara para señalar: - Estás muy guapa y echa toda una mujer, siento tanto que dejáramos de..
En ese momento Julia le interrumpió:
- No te disculpes, éramos pequeñas, la vida da muchas vueltas. Empecemos desde cero. Venga, vamos.
Mientras la escena transcurría Eva las miraba desde la distancia con expresión indescifrable, mitad alegría, mitad tristeza, si bien logró recomponerse y poner una de sus sonrisas cuando ambas llegaron a su altura dándose la mano.
Sin duda ese gesto por parte de Sandra hacia Julia le sorprendió una vez más, su amiga no era propensa a mostrarse tan cariñosa en público, y menos por aquella zona, dado que el pub donde trabajaba los viernes se encontraba en los alrededores.
Las tres se dirigieron hacia el bar, mientras Julia les contaba sus peripecias y experiencias por tierras extranjeras, ambas la escuchaban entretenidas y sorprendidas por lo que estaban escuchando, realmente Julia se había convertido en una mujer maravillosa, con un futuro prometedor.
Entraron en el café que había sugerido Sandra, mientras seguía sosteniendo la mano de Julia entre las suyas. En ese preciso instante salía una morena espectacular que le espetó:
- ¿Qué pasa Sandra? ¿esta es tu última conquista?
Sandra enrojeció y solo acertó a soltar bruscamente la mano de Julia y dedicarle una mirada asesina a la morena.
En ese momento Eva salió al paso, como siempre:
- Vamos dentro que hace frío.
Las tres entraron, Sandra la última, maldiciendo en hebreo por no haberse dado cuenta de donde estaban, y rezando para que Julia no se hubiera sentido violenta.
Julia notaba que Sandra estaba incómoda después de lo ocurrido y decidió que ya era hora de hablar de la vida sentimental.
- Bueno, ya está bien de hablar de mí, que hay de vosotras, ¿cómo os va la vida? Y lo más importante, el tema sentimental. ¿Cuánto tiempo lleváis juntas?
Sandra casi se atraganta y Eva no sabía donde meterse. Por fin se miraron y comenzaron a reírse a carcajadas. Julia las miraba extrañadas:
- ¿He dicho algo gracioso? ¿No estáis juntas? Yo creí que...después de ver cómo...
En ese momento, Eva intervino:
- ¿Lo sabías? Quiero decir ¿tanto se nos nota que somos lesbianas? ¿es que llevamos un cartel o algo?
- No sé, creo que entre nosotras es fácil darse cuenta.
- Perdona, inquirió Sandra, ¿entre nosotras? ¿quieres decir que tú también...?
- Claro, y si no, ¿por qué crees que te adoraba cuando éramos pequeñas? Es más, ahora que sé que no estáis juntas a lo mejor empiezo a adorarte otra vez - rió Julia.
Esta vez la que casi se atragantó fue Eva, mientras que Sandra no pudo más que ruborizarse.
- Bueno y...ya que hemos hecho las presentaciones oficiales, ¿qué planes tienes para esta noche? - le preguntó Sandra a Julia.
- Pues salir con vosotras por supuesto, quiero conocer la noche madrileña y si puede ser a alguna madrileña en particular, incluso mejor, conocer un poco más a alguna que ya conozco.
Estaba claro que Julia estaba decidida a seducir a Sandra, y no iba a escatimar en usar todas sus armas.
Siguieron con la charla durante una hora más, hablando de todo un poco, hasta que decidieron que había llegado la hora de despedirse, tenían que arreglarse para la larga noche que les quedaba por delante.
Julia se hospedaba en un hotel situado entre la casa de Eva y la de Sandra, así que ésta la acompañó tras dejar a Eva en su casa.
En el preciso momento en el que Eva entró al portal y Sandra y Julia emprendieron el camino hacia el hotel, ésta la agarró del brazo y le dio un cariñoso beso en la mejilla.
- Te he echado de menos.
Eva había salido a tirar la basura y vio la escena entre ambas mujeres. Regresó cabizbaja al portal, no sabía lo que eso significaba para Sandra, ni siquiera lo que significaba para ella misma.
Cuando llegaron al hotel, Julia sugirió que no estaba muy contenta allí, pero bueno, no quedaba más remedio, en ese momento, aunque Sandra intentó no proponerlo, se encontró ofreciéndole su sofá a Julia, que aceptó rápidamente y de buen grado se apresuró a recoger sus cosas.
Una vez en casa de Sandra, esta le enseñó a Julia donde se encontraba todo lo necesario para que se encontrara cómoda.
Mientras Julia se duchaba, Sandra escuchó que sonaba su móvil, era Eva, no le hacia faltaba si quiera mirar, el tono de su móvil la delataba, “Por amor al arte” una canción que habían descubierto juntas una tarde de domingo en la que rastreaban la red en busca de canciones de temática.
- Buenas, ¿qué pasa? ¿estás bien?
- Te llamaba porque...no sé, estaba dándole vueltas a la idea de ofrecerle a Julia que se quedara a dormir en mi casa en vez de en ese hotel.
- Umm, bueno, no creo que haga falta, verás...
- Sandra ¿dónde tienes las toallas?
- Ya veo, le has ofrecido tu casa...Bueno...nos vemos...ahora...en un rato.- O no, pensó Eva para sí, la noche de amigas, de risas, de tomar unas copas y ser la mejor noche de la semana, como todas las que pasaba con Sandra, se había convertido en la noche de Sandra y Julia.
- No sé Eva, me dio no se qué que se quedara en ese hotel, teniendo yo sitio en casa, ¿no es lo que has pensado tú?
- Sí, sí, tienes razón. Te veo luego. Un beso.
- Hasta ahora. Un beso.
Tras colgar el teléfono Sandra se sentía extraña, no sabía porqué pero decidió no indagar en ello, era hora de darse una ducha y arreglarse para el sábado noche.
Tras una hora de convivencia compartiendo maquillajes, algún consejo y secreto, Julia le preguntó directamente:
- ¿No hay nadie en tu vida?
Sandra contestó moviendo la cabeza hacia los lados mientras se abrochaba el último botón de la chaqueta antes de salir.
- En la mía tampoco – añadió Julia.
Sin darle tiempo a más Sandra abrió la puerta.
- Vamos, llegamos tarde a recoger a Eva y no me gusta hacerle esperar.
Julia intentó añadir algo más, pero el golpe de la puerta al cerrarse y el ruido de las llaves ahogó sus palabras.
Se dirigieron hacia casa de Eva, Julia de nuevo se agarró al brazo de Sandra y esta no pudo por más que sentirse un poco incómoda.
Eva las vio desde lejos, se aproximaban a su casa tal y como las había visto marchar, cogidas del brazo y pensó que tal vez en las horas que habían pasado en casa de Sandra hubieran tenido algo más que palabras, pero bueno, mejor no detenerse a pensar más en ello.
Cuando llegaron a su altura Julia le volvió a dar dos besos, y Eva rió añadiendo, ¿si que has retomado bien las costumbres españolas no?
-Sí – añadió Julia risueña.
- ¿Y tú no me das un beso? - le inquirió Eva a Sandra.
- Bueno, ya me conoces, no soy precisamente amiga de los besos, ¿no?
- Sí, pero bueno, da igual. Venga, que llegamos tarde.
(continuará...)
No hay comentarios:
Publicar un comentario